Nuevo Encuentro

PROGRAMA DE PENTECOSTÉS

 

El viernes 9 DE MAYO a las 17,30 de la tarde: Tomaremos los momentos claves de la acción del Espíritu Santo en la Historia de la Salvación, (que es nuestra propia historia personal), son 11, meditándolos acompañados con acompañamiento musical que represente y exprese el acontecimiento.

 

¿Por qué la música? Porque la música es un importante capital de vivencia religiosa. Es muy delgada y sutil la frontera entre la música y religión. Es inmenso el poder transformador de la música porque nos abre a la transcendencia y, en ocasiones,  nos abre tanto que acertamos a percibir, en el sonido infinitamente bello de la composición musical, el sonido de lo eterno.

De este trabajo de ocupará Paco con el grupo de León.

 

Os doy las citas de lo acontecimientos claves de la acción del Espíritu:

El término bíblico que designa al Espíritu es el de “Ruaj” (viento, aire en movimiento, soplo de viento, fuerza vital)

 

1-      Creación del mundo: Génesis 1, 1-2

2-      Creación del hombre: Génesis 2,7

3-      Liberación de la esclavitud de Egipto: Éxodo10, 13

4-      Recreación tras el destierro de Babilonia: Ezequiel 37, 1-10

5-      Anuncio de los tiempos mesiánicos por los profetas: Isaías 11, 1-3 y Joel 3,1

6-      La Encarnación: Lucas 1, 35

7-      Bautismo de Jesús: Mateo 3, 16

8-      Comienzo de la misión de Jesús: Lucas 4, 18-19

9-      Muerte de Jesús:  Juan 1,30 y Lucas 23,46

10-  Resurrección: Juan 20, 22

11-  Pentecostés: Hechos 2, 1-4

 

 Sábado 10 de mayo por la tarde: A las 5,30: Preparación de lo que es la fiesta de Pentecostés entre todos.

Y después podemos asistir a las Vísperas (7 de la tarde) con el Lucernario que las acompaña en esta ocasión, con una procesión de entrada tras los dones del Espíritu.

 

Domingo 11 de mayo : Celebración de la plena efusión del  Espíritu en la solemne Eucaristía de las 12 de la mañana.

 

Liturgia de las Horas

Liturgia

El término liturgia se utilizaba, en el mundo griego, para indicar una acción en favor del pueblo y, en la Biblia, pasó a designar el servicio de culto que se tributaba a Dios. Actualmente podemos hacerlo sinónimo de celebración y definir la liturgia como culto público que Cristo, unido a su Iglesia, eleva al Padre.

En la esencia de lo que significa celebrar está siempre una fuerte carga de espontaneidad, de emotividad, de sorpresa. La celebración es algo vivo y sinónimo de fiesta y por eso es una actividad libre, gratuita, desinteresada e inútil, es decir, que no es utilizable para ningún fin extrínseco concreto. La celebración litúrgica pone en movimiento las energías del espíritu del hombre y su capacidad de trascender lo inmediato para abrirse a la belleza, a la libertad y al bien y anticipar la eternidad.

En toda liturgia hay, por tanto, una belleza especial que viene, no de la corporeidad carnal sino de la corporeidad pneumática, es decir, del espíritu y alimenta e ilumina todas las facultades humanas a través de las palabras, el canto, las imágenes, los aromas… La belleza es el nombre litúrgico de Dios. Por eso nada es indiferente. Cada mirada, gesto, signo, movimiento… todo está ocupando su sitio en una especie de hermosísima sinfonía musical.

Entrar en la gran alegría, en la gratuita alegría de la liturgia que nadie ha merecido, es entrar en la belleza y bondad de Dios y recibir en ella toda la santidad, es decir toda la verdad de los seres y las cosas. La liturgia no se impone a lo real, expresa y libera su santidad original.

Cuando el hombre se convierte en un “hombre litúrgico” se hace transparente al poder paradójico de Dios: poder del amor personal que no puede obrar sino a través de las libertades individuales. Todo cristiano está llamado a hacerse hombre litúrgico.

Liturgia de las Horas

Conocida también como Oficio Divino, es la oración que la Iglesia, con Cristo, eleva al Padre. Nace del mandato del Señor de “orar constantemente” y conduce a la santificación del día llenándolo de alabanza y acción de gracias.

La liturgia de las horas tiene como característica propia la de servir para la santificación del tiempo, del curso entero del día y de la noche. Santificar el tiempo es dedicarlo al servicio de Dios de los hombres y vivirlo como espacio de gracia y salvación. El tiempo vivido como “crónos” es el tiempo que huye, que “vuela”, que está cargado de finitud y limitación. En cambio el tiempo cristiano es un tiempo de gracia y salvación (“kairos”) que va llevando a la persona hasta su meta que es la comunión con Dios. El crónos lleva al envejecimiento, el kairós va rejuveneciendo al hombre porque es renovación del misterio pascual.

Desde la teología de la liturgia lo que nos interesa destacar es que tiene una dimensión actualizadora de la salvación y que la vida divina se comunica a los que participan en ella. No es un simple recordar sino una presencia eficaz de la salvación, especialmente del misterio pascual de Cristo, en la acción ritual. Además, en la liturgia terrena, participamos ya y anticipamos la liturgia celeste que se celebra continuamente en la Jerusalén del cielo.

La liturgia parte, por tanto, de una realidad: las acciones de Cristo en su vida terrena que se actualizan en la celebración de forma invisible pero real. En toda celebración hay un nivel histórico y un nivel metahistórico, el nivel de la fe.

Los que rezan el Oficio Divino participan de la misión pastoral de la Iglesia porque contribuyen de forma misteriosa y profunda al crecimiento del pueblo de Dios y por eso pertenece a la esencia de la Iglesia.

Algunas personas contraponen oración personal, espontánea, a la oración ritual o litúrgica. Esto solo tendría lugar si la oración personal fuese la única que expresara realmente los sentimientos y deseos del ser humano. Pero lo cierto es que cada persona está llena de riquezas insondables e inesperadas y la oración litúrgica, la oración de la Iglesia, nos permite ensancharnos y que broten del fondo de nuestro corazón resonancias que ignoramos.

El origen del oficio divino hay que buscarlo en la liturgia judía que Jesús mismo, sus discípulos y las primeras comunidades cristianas observaban. Esta contenía una gran variedad de himnos, salmos, cánticos, oraciones… A partir del siglo III se mencionan ya oficios matutinos y vespertinos comunitarios y las Horas de tercia, sexta y nona.

En el oficio divino hay unas Horas que destacan por su valor eclesial y personal: son los Laudes y las Vísperas consideradas como el doble quicio sobre el que gira todo el Oficio cotidiano. Los Laudes como oración de la mañana, tienen un doble significado: santifica el día que comienza consagrándolo al Señor y hace memoria gozosa de su resurrección. Las Vísperas, al declinar la luz del sol, representan una acción de gracias por el día que termina, hace memoria de la muerte del Señor, y anuncia la esperanza de la vida eterna.

Todo el oficio divino está impregnado por la Palabra de Dios y el elemento principal son los salmos. Muy importante es también el canto que lo acompaña siempre como expresión privilegiada del mundo interior del hombre; da mayor fuerza a la Palabra y ayuda a unir los vínculos de la comunidad y a crear un ambiente festivo.

Podríamos resumir de la forma siguiente las características de la espiritualidad litúrgica: es esencialmente bíblica, histórica y salvífica, cristocéntrica y pascual y es mistagógica (va iniciando progresivamente en el misterio de Cristo).

Y ahora nos preguntamos, ¿qué supone la liturgia de las horas para nosotras, monjas benedictinas? Es el centro de nuestra vida y de la comunidad. Para cada una de nosotras es un verdadero privilegio poder asistir al oficio divino mediante el cual hacemos patente el deber de nuestro servicio a la Iglesia. La comunidad reunida representa, de modo especial, a la Iglesia orante.

San Benito nos recuerda constantemente en su Regla que nada debe anteponerse al oficio divino porque es la expresión más acabada de la vida monástica. La liturgia de las horas es el carisma del Espíritu Santo que recibe la monja y es el papel que le corresponde en la evangelización.

Terminamos esta presentación con las palabras que escribió un joven asombrado ante su primer encuentro con el Oficio Divino:

¡Qué poder tan enorme tiene la liturgia!, es la sangre que alimenta el cuerpo…

…Saber que millones de hermanos experimentamos, decimos, pedimos, damos gracias con los mismos sentimientos, las mismas palabras que se emplean casi desde los comienzos… y que son la “Palabra de Dios” hecha carne.

Por esto gozo con la Liturgia de las Horas, porque es la oración de toda la Iglesia y, sobre todo, la oración de Jesús. Él oró con estas mismas palabras y es él quien ora en mí y, sobre todo, yo oro con Él”.

Ernestina Álvarez

Material de Apoyo (3)

LA RECOPILACIÓN DE LOS SALMOS

 

Cuando leemos y estudiamos los salmos, nos encontramos con que la sucesión de los 150 poemas tiene lugar aparentemente sin referencia a un principio ordenador, como si un salmo siguiese casualmente a otro. No parece posible por ahora seguir la pista del proceso de recopilación, de ahí que los resultados que se nos ofrecen resulten confusos y desordenados.

El Salterio fue formado poco a poco, a partir de colecciones menores. La división más reciente del Salterio presenta cinco libros: Sal.1-41; 42-72; 73-89; 90-106; 107-150. Podemos reconocer esta división por las alabanzas (doxologías) que aparecen al final de cada uno de los cinco libros. El salmo 150 cumple la doble función de alabanza final del quinto libro y de todo el Salterio. Pero tal división es meramente formal y artificial. Probablemente se pretendía así ofrecer una división quintuple, a imagen del Pentateuco (designación griega de los llamados cinco libros de Moisés). La articulación actual coincide sólo en parte con las divisiones más antiguas, que todavía pueden rastrearse a lo largo del Salterio. Se pueden observar colecciones medianas y colecciones menores.

Entre las colecciones medianas sobresale:

  • Sal.3-41, una recopilación de salmos atribuidos a David. Aparte del titulo comparten la característica de que son salmos individuales.
  • Sal.42-83, el llamado Salterio Elohista, parece también una colección aparte, pues en ella el nombre de Yavé (Señor) es casi siempre sustituido por el de Elohim (Dios). Los salmos 84-90 constituyen un apéndice de esta colección.

 

Sólo en el bloque 42-89 algunas colecciones menores llevan el nombre de ciertos gremios de cantores (Asaf, Córaj).

Los salmos 90-106 y 107-150 no formaban colecciones propiamente dichas; entre el 90 y el 150 podemos descubrir una serie de colecciones menores.

Por lo que respecta a las colecciones menores, nada se puede decir del primer libro (3-41), bloque compacto en el que no se perciben fisuras de este tipo. En el segundo libro contamos con 42-49, los salmos de Córaj, en gran medida salmos comunitarios. El bloque 51-71 es atribuido a David, pero se ha rastreado el proceso de recopilación. El bloque 51-59 son lamentaciones individuales en las que resalta la queja ante el acoso de los enemigos. A esta pequeña colección se le añadieron distintos apéndices: una lamentación comunitaria (60) y cuatro salmos de tipo mixto (61-64), a los que sirven de colofón los salmos de alabanza 65-66. (este último compuesto de dos o tres salmos) y una bendición (67). La colección se trasmitió así durante bastante tiempo, con el salmo de bendición al final, pero después recibió como broche de cierre otros apéndices (68-71).

En el tercer libro (73-89) es claro el predominio de los salmos comunitarios, casi todos atribuidos a los gremios de cantores. Las lamentaciones comunitarias del Salterio se encuentran casi todas en esta colección (74,79,80,83,89). Si tenemos ahora en cuenta que todos los salmos de Sión (46,48,84,87) son salmos de Córaj, podemos fácilmente deducir que las primitivas colecciones menores, a partir de las cuales se compuso el Salterio, estaban integradas por salmos de idéntico contenido.

Por lo que respecta al cuarto y quinto libros, podemos distinguir al principio dos grupos:

  • Los salmos de entronización: del 93 al 99 con excepción del 94, que llevan como apéndice el salmo 100.
  • Los salmos de alabanza del 103 al 107.

 

En un tiempo formaron probablemente parte de la misma colección 111-118 y 135-136, es decir, los salmos “aleluyáticos”. Con el paso del tiempo la unidad fue rota por la inserción de una pequeña colección de cantos procesionales (120-134). Los salmos 119 y 137 fueron añadidos como piezas individuales, pues ninguno de los dos formó parte de colección alguna.  De hecho se distinguen claramente de sus vecinos por su contenido y forma. Podemos suponer que fueron integrados en el Salterio como obras individuales y sin relación con el resto de los poemas. El salmo 137 no es un canto litúrgico; hoy le daríamos el nombre de canto popular. Por lo que respecta al 119, no se trata propiamente de un salmo, sino de un gran poema edificante, con los versículos estructurados siguiendo el alfabeto hebreo y con un surtido de formas literarias casi igual al resto del Salterio.

Todos los salmos recopilados en el libro de cantos 120-134 llevan por titulo “canto procesional” (traducción probable). Los poemas presentan diferencias desde el punto de vista formal, pero casi todos son cantos comunitarios. Sólo en esta colección aparecen autenticas “formulas sapienciales” (127 AB; 133) y alabanzas comunitarias (124; 129). El salmo 134 sirve de doxología final. Por lo que respecta al 117, en cierta época fue considerado una doxología final, quizá de la pequeña colección 111-116, a la que 118 serviría de apéndice. Pero esto es muy difícil de precisar.

Los salmos 138-145, colección de poemas atribuidos a David, deben ser considerados, tanto por su forma como por su contenido, lamentaciones individuales (140-143). A esta pequeña colección se añadiría el grupo de salmos aleluyáticos 146-150.

Como puede verse, para explicar el proceso de recopilación del Salterio se ha partido de grupos identificables por su contenido, siguiendo el orden que debieron de tener en un primer momento, cuando todavía era posible distinguir grupos de salmos análogos. Pero, con el paso del tiempo, dicho orden fue trastocado mediante añadidos, enlaces y divisiones.

Material de Apoyo (2)

COMO NACIERON LOS SALMOS

 

La nueva investigación sobre los salmos ha dado una respuesta a esta cuestión. Hasta el siglo pasado, los títulos de los salmos habían sido entendidos como referencias a sus autores (por ejemplo: “Salmo de David”). Con esta actitud habíamos transferido inconscientemente nuestra concepción sobre el origen de un poema a la génesis de los salmos. Pero una nueva comprensión del estilo de vida del pueblo de Israel nos sitúa en una perspectiva diferente.

Los salmos no han nacido como nace cualquier otro tipo de literatura, sino que crecieron en la liturgia de Israel, como parte esencial de esa liturgia en sus variadas manifestaciones. Los salmos no fueron primero escritos y después cantados, sino al revés. La mayor parte fueron cantados y recitados durante mucho tiempo antes de ser puestos por escrito. Y quienes los escribieron no fueron sus autores sino recopiladores. El proceso de recopilación y trascripción es sin duda importante, pero se trata de un esfuerzo posterior, que presupone una larga y rica vida de los salmos en la tradición oral.

El ámbito en el que los salmos crecieron y vivieron es totalmente distinto de lo que entendemos actualmente por servicio litúrgico, pues en el antiguo Israel, la liturgia constituía el núcleo central de la vida de toda la comunidad. No era el lugar donde se reunían las personas interesadas en la religión, sino el corazón del que todos recibían la vida. Por esta razón, todo cuanto acontecía en la comunidad y en la vida del individuo implicaba de algún modo el servicio litúrgico. Una necesidad del pueblo, una carestía, una amenaza, una guerra una peste o cualquier calamidad debía ser necesariamente presentada a Dios en la lamentación y en la invocación. Así nacieron las “lamentaciones comunitarias”. Por el contrario, si el pueblo se beneficiaba con una victoria, si se liberaba de los enemigos, si superaban un peligro, si tenían una buena cosecha, debían presentar necesariamente su alabanza a Dios. Así nació la “acción de gracias comunitaria”. Y lo mismo por lo que respecta al individuo. Este ponía ante Dios los momentos de prosperidad o de hundimiento, de miedo o de liberación.

También durante la época de su recopilación fueron considerados los salmos fruto de la experiencia de una desgracia o de una liberación. Esto se puede ver en títulos como: “Salmo de David, cuando huía de su hijo Absalon” (Sal.3, 1). Y así en muchos encabezamientos. Pero, aunque estos fueron añadidos a los salmos más tarde, durante el proceso de recopilación, ponen sin duda de manifiesto que en este tiempo se conservaba el conocimiento del origen de un salmo.

Los acontecimientos mencionados en un salmo, que sin duda son la causa de su composición, no tienen lugar de forma directa en el servicio litúrgico. Se trata de acontecimientos del individuo o del pueblo cuyo escenario es el trabajo, o el campo de batalla, o el desierto, el domicilio, etc. A pesar de todo, el lugar de origen del salmo es el rito litúrgico. En este punto podemos darnos cuenta que el rito litúrgico del antiguo Israel era una realidad distinta de lo que nosotros entendemos habitualmente al usar esa expresión. La Biblia nos habla a veces de personas que recurren al Templo para desahogarse. Ver por ejemplo el relato sobre la madre de Samuel (1Sam. 1) o (2Re. 19,14).

Pero no siempre es posible presentar las suplicas a Dios en el recinto sagrado. El enfermo reza en su lecho, el prisionero en la cárcel; el canto de victoria se recita en el mismo campo de batalla. Al menos en el periodo primitivo, el lugar sagrado, el templo no era concebido como una entidad separada de la tierra de la que provenía el hombre. El rito es significativo y eficaz precisamente porque deja sentir su influjo en toda la tierra, que es tierra de Dios.

Tampoco hemos de entender los tiempos litúrgicos a partir de nuestros conceptos. Las grandes fiestas del año nos son tiempos litúrgicos en sentido exclusivo. Se trata de tiempos particulares, en el sentido de que el tiempo en su total devenir viene de Dios y conduce a Dios. Desde esta perspectiva, no existe día que no se preste de algún modo al servicio litúrgico. La oración, la invocación y la alabanza conforman la existencia toda del hombre, de manera que sería imposible limitarlas a determinados días. Cualquier tiempo es bueno para dirigir a Dios palabras de agradecimiento o de abandono, de turbación o de júbilo. En cualquier tiempo Dios puede ser llamado como testigo o como juez; cualquier tiempo es adecuado para hacer un voto o impartir una bendición. El rito religioso empapa toda la vida.

El servicio litúrgico en un determinado lugar y en un tiempo establecido surgió de todo este devenir y se transformó en el centro de recopilación del abundante material de poemas dirigidos a Dios. En el servicio litúrgico, la multiplicidad de voces se hizo una sola voz. La diversidad de los tiempos y la sucesión ininterrumpida de las generaciones, que implicaban cambios en la lengua, en los puntos de vista y en las formas sociales, fueron reconocidas como el único camino: el camino de la tradición, que dio vida al Salterio tal como nos ha sido trasmitido y nos ha llegado hasta hoy.

Debemos escuchar cada poema transmitido en el Salterio a la luz de esta historia de su formación, a la luz de una larga y vasta prehistoria que terminó con la puesta por escrito de los salmos de nuestra actual colección. Cada salmo ha sido rezado, cantado y recitado por un sin numero de personas distintas y heterogéneas que implica muchas generaciones, muchos sentimientos, muchas emociones. Los salmos constituyeron y constituyen un elemento esencial de la vida del “pueblo” pues en él nacieron.

Material de Apoyo (1)

EL SIGNIFICADO DE LOS SALMOS EN LA BIBLIA

 

Los salmos dejan oír su voz en toda la Biblia, desde el primer libro al último. En el relato de la creación podemos escuchar la alabanza al Creador, y en el Apocalipsis la alabanza a Aquel capaz de llevar a término la creación. La alabanza es consecuencia obligada de la acción de Dios, motivo por el que constituye la parte fundamental del relato de sus grandes hazañas: los liberados cantan junto al mar Rojo (Ex.15); el cántico de Débora acompaña a la victoria (Jue.5). La mujer escuchada por Dios canta el fin de su sufrimiento (1Sam.2); el rey canta la ayuda de su dios (2Sam.22) Aunque prescindiéramos de estos salmos que encontramos en los libros históricos del Antiguo Testamento, nos sería fácil descubrir la estrecha relación entre salmo y relato histórico. De hecho, el antiguo relato histórico israelita es fruto de la confesión de alabanza, de la acción salvifica de Dios.

La respuesta del hombre, tanto la del individuo como la de la comunidad, no puede limitarse a la alabanza. Quienes han “padecido” las pruebas de Dios, quienes han experimentado el terror provocado por Su silencio y Su lejanía, Le lanzan sus gritos desesperados, Le abren el corazón y Le hacen ver la fuente de su dolor. El camino que Dios recorrió con Su pueblo en las paginas de la Biblia está sembrado de lamentaciones: desde las quejas del pueblo en el desierto, o del mediador solitario entre Dios y el pueblo, pasando por las lamentaciones de Elías y de los demás profetas (ver Jeremías), y por las del pueblo en el desierto de Babilonia (Lamentaciones), hasta el llanto de Jesús a la vista de Jerusalén y su grito en le cruz.

Alabanza y lamentación constituyen los tonos fundamentales sobre los que se elaboran las diferentes “variaciones y fugas” presentes en el Salterio. Esta polaridad de alabanza y lamentación es distinta del habitual esquema “invocación-acción de gracias” de nuestras oraciones. El impulso que hace vibrar los polos “alabanza-lamentación” es más fuerte que el que existe entre invocación-acción de gracias. Esta diferencia está en estrecha relación con otras; por ejemplo, canto y oración forman en los salmos un todo unitario. Los salmos son oraciones cantadas y son también poesía. Palabra poetizada. En consecuencia los salmos están trenzados con tres tipos de lenguaje que se han ido disociando con el paso de los siglos.

Los salmos son:

  • Oración. Palabra de alegría o de dolor dirigida a Dios.
  • Poesía. Palabra plasmada poéticamente.
  • Canción. Pues trascienden la simple palabra o la recitación poética para hacerse música.

 

Los salmos, en esta unidad de oración, poesía y canción, forman parte de un mundo que ya no es el nuestro; y habrá cosas en ellos que nunca llegaremos a entender ni a sentir plenamente. Pero, precisamente, por esta extraña naturaleza, nos comunican desde la lejanía un lenguaje válido para todo tiempo y cualquier época. Los salmos son una fuente inagotable.

Sorprende ver como, a lo largo de todas las épocas, hombres y mujeres, tan distintos y de lugares tan diversos han sido capaces de renovar sus vidas, a menudo débiles y deterioradas, con una fuerza que se basa en la inmediatez de la palabra dirigida a Dios, capaz de poner en contacto nuestra realidad en toda su anchura, profundidad y dureza con el Dios de los creyentes y de los ateos, el de las profundidades y las alturas….

Estudio de los Salmos

Proyecto conjunto del grupo de León y la Comunidad: Estudio y conocimiento de los salmos

¿Qué son los salmos?

El Libro de los Salmos (“Alabanzas”) forma parte del Antiguo Testamento de la Biblia y se le incluye entre los Libros Sapienciales. También se le conoce como Alabanzas o Salterio que es el nombre del instrumento de cuerdas con que los oficiantes judíos acompañaban los cánticos de alabanza a Yahvé. Por extensión, más tarde, el término se aplicó al libro entero.

Verdadero tesoro de la literatura judía y universal con el que el pueblo hebreo ha orado y lo sigue haciendo de generación en generación. Son también el “alimento” que constituye la oración diaria de la Iglesias cristianas.

Estructura y Formación

El libro de los salmos está formado por 150 oraciones de forma poética de muy diferentes épocas, probablemente escritas entre el s. IX y el III a.C., de autores casi todos desconocidos y que fueron agrupándose en distintas colecciones hasta alcanzar su disposición actual.

Durante 6-8 siglos se fueron componiendo y la redacción final quedó establecida sobre el año 200 a. C. Los salmos más antiguos pertenecen probablemente al s. XII a. C.

Valor humano de los salmos.

En los salmos se expresa todo lo humano y por ello cada hombre puede adentrarse en las palabras del poema y hacerlas suyas. Son gritos de admiración, alegría, dolor, sufrimiento, dudas… voces del hombre que pide sentido, claridad, amor, comprensión; que, ante la vida, se pregunta, acepta, rechaza…

Testimonios de la búsqueda esperanzada y del anhelo de plenitud que el ser humano lleva dentro de sí. Por eso son válidos para todos los que intentan vivir sus acontecimientos desde una actitud de profundidad. Se entiende que San Agustín dijera: “Todos nacemos con el salterio escrito en el corazón”.

Los salmos no son ideas, son “seres vivos” que sufren, hablan, gimen, ríen…, en cada salmo “va una vida”, y “hay vida”.

 

También impresiona, al acercarse a un salmo, el pensar que antes que nosotros millones de personas han pronunciado esas mismas palabras a lo largo de los siglos y las seguirán repitiendo, que, incluso Jesús, oró con ellas.

PROPUESTA PARA EL ESTUDIO DE LOS SALMOS

Vamos a tratar con cada salmista como con una persona viva. Es un amigo que nos visita y con el que vamos a dialogar.

1-Le escuchamos:

Para escucharle es preciso leer el salmo (ir leyendo pausadamente haciendo que nuestro corazón concuerde con lo que decimos. Al leer damos vida a la persona que escribió el salmo) y ver:.

- Qué situación concreta me presenta ( le persiguen, está enfermo, se siente solo, se va de viaje…)

- Sentimientos principales que tiene (alegría, miedo, angustia, tristeza, confianza…)

- Personajes que intervienen y cómo los describe ( Dios, enemigos, amigos, familiares…)

- Imágenes y símbolos que utiliza (banquete, rebaño, viento, animales…)

- Cómo ve a Dios, quién es para él (amigo, enemigo, seguridad, desconcierto, refugio, juez…)

 

Pero para escuchar al salmista es necesario que haya silencio si no ni le oímos ni podemos entendernos. Tenemos que entrar en sintonía con él, penetrar en su interioridad y ver cual es su mensaje fundamental.

En la relación con él tendremos que respetar comportamientos incomprensibles para nosotros evitando el juicio fácil. Ir más allá de la apariencia y buscar la raíz de sus reacciones. Ha vivido en un contexto social, cultural, personal concreto y desde ahí hace sus reflexiones.

Para conocer a fondo a estos amigos es preciso frecuentar la conversación. Reservarse un tiempo cada día para estar con ellos y mejor si es a la misma hora para que también el cuerpo adquiera un ritmo diario.

2- Le respondo

Leer el salmo pone en marcha nuestra imaginación, emociones, sentimientos, recuerdos…Entramos en diálogo con el salmista y conversamos con él.

Después de haberle escuchado paso a ver:

- Qué me está queriendo decir

- Qué sentimientos ha despertado en mí: me relaja, me interesa, me inquieta me da paz, me pide cuentas…

- ¿He vivido su misma situación?

- Descubro alguna frase como dirigida especialmente para mí y la aprendo de memoria para repetirla con frecuencia.

(Estas frases repetidas en mi interior adquieren vida en mí y producen algo que no había antes: imágenes, sentimientos, emociones, sueños, amor, paz…)

- Observo con lo que estoy de acuerdo y en lo que discrepo

- Preguntas que me gustaría hacerle

- Cómo puedo ayudarle en su situación.

Al final, cuando se despide, le escribo una breve carta diciéndole lo que ha supuesto para mí su visita.

Los salmos como oración.

Pero el salterio es, ante todo, un libro de oración, porque son poemas de personas concretas que han conocido quién es Dios a través de su propia experiencia.

Los israelitas fueron aprendiendo lentamente a dirigirse a Dios a través de todas las situaciones por las que iban pasando. Por ello, en los salmos, no hay nada simbólico o abstracto, todo brota de las vivencias del hombre.

Los salmos han sido escritos por hombres enfermos, angustiados, felices, miedosos, atribulados, gozosos, confiados… que, a través de estas experiencias, han entrado en diálogo con Dios. Para ellos Dios no es ser lejano, abstracto, sino alguien muy cercano, a quien pueden dirigirse y exponerle su situación.

Mediante la oración con los salmos se produce un encuentro entre Dios y el hombre, se establece una relación personal y única que aporta al orante una seguridad existencial de que hay “alguien” que le atiende y le entiende y que además le quiere y le ayuda.

Los salmos son Palabra de Dios y alimentan, sin saber cómo, igual que el alimento físico. La Palabra de Dios es viva y eficaz y permanece operante en nosotros. Es la semilla que crece sin que nadie sepa cómo.

Cómo rezar con los salmos

Para poder orar con los salmos tenemos que experimentar, en nuestro propio corazón, los sentimientos que ellos expresan y hacer nuestro todo el sentido que tienen. Ser como los salmistas, hombres y mujeres que vivimos con intensidad la realidad diaria desde una actitud creyente y tomar prestadas sus palabras para dirigirnos a Dios.

Todo hombre que vive una situación crítica puede hacer esta experiencia. Tomar un salmo o un versículo y recitarlo lentamente, parándose en él hasta que vaya cobrando sentido. Notará que en su interior va ocurriendo algo grande, una transformación, y podrá comprobar cómo sus vivencias quedan transfiguradas.

Rezando despacio, dando tiempo a que las palabras resuenen, van surgiendo sentimientos de alegría, perdón, confianza, valor…

Los salmos pueden rezarse individualmente pero cuando nos reunimos para hacerlo juntos, la fuerza y la intensidad de la oración es muchísimo mayor, esto ocurre al celebrar lo que se llama la Liturgia de las Horas u Oficio Divino, la oración oficial de la Iglesia conocida también como rezo de Laudes, Vísperas…

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.