Estudio de los Salmos

Proyecto conjunto del grupo de León y la Comunidad: Estudio y conocimiento de los salmos

¿Qué son los salmos?

El Libro de los Salmos (“Alabanzas”) forma parte del Antiguo Testamento de la Biblia y se le incluye entre los Libros Sapienciales. También se le conoce como Alabanzas o Salterio que es el nombre del instrumento de cuerdas con que los oficiantes judíos acompañaban los cánticos de alabanza a Yahvé. Por extensión, más tarde, el término se aplicó al libro entero.

Verdadero tesoro de la literatura judía y universal con el que el pueblo hebreo ha orado y lo sigue haciendo de generación en generación. Son también el “alimento” que constituye la oración diaria de la Iglesias cristianas.

Estructura y Formación

El libro de los salmos está formado por 150 oraciones de forma poética de muy diferentes épocas, probablemente escritas entre el s. IX y el III a.C., de autores casi todos desconocidos y que fueron agrupándose en distintas colecciones hasta alcanzar su disposición actual.

Durante 6-8 siglos se fueron componiendo y la redacción final quedó establecida sobre el año 200 a. C. Los salmos más antiguos pertenecen probablemente al s. XII a. C.

Valor humano de los salmos.

En los salmos se expresa todo lo humano y por ello cada hombre puede adentrarse en las palabras del poema y hacerlas suyas. Son gritos de admiración, alegría, dolor, sufrimiento, dudas… voces del hombre que pide sentido, claridad, amor, comprensión; que, ante la vida, se pregunta, acepta, rechaza…

Testimonios de la búsqueda esperanzada y del anhelo de plenitud que el ser humano lleva dentro de sí. Por eso son válidos para todos los que intentan vivir sus acontecimientos desde una actitud de profundidad. Se entiende que San Agustín dijera: “Todos nacemos con el salterio escrito en el corazón”.

Los salmos no son ideas, son “seres vivos” que sufren, hablan, gimen, ríen…, en cada salmo “va una vida”, y “hay vida”.

 

También impresiona, al acercarse a un salmo, el pensar que antes que nosotros millones de personas han pronunciado esas mismas palabras a lo largo de los siglos y las seguirán repitiendo, que, incluso Jesús, oró con ellas.

PROPUESTA PARA EL ESTUDIO DE LOS SALMOS

Vamos a tratar con cada salmista como con una persona viva. Es un amigo que nos visita y con el que vamos a dialogar.

1-Le escuchamos:

Para escucharle es preciso leer el salmo (ir leyendo pausadamente haciendo que nuestro corazón concuerde con lo que decimos. Al leer damos vida a la persona que escribió el salmo) y ver:.

- Qué situación concreta me presenta ( le persiguen, está enfermo, se siente solo, se va de viaje…)

- Sentimientos principales que tiene (alegría, miedo, angustia, tristeza, confianza…)

- Personajes que intervienen y cómo los describe ( Dios, enemigos, amigos, familiares…)

- Imágenes y símbolos que utiliza (banquete, rebaño, viento, animales…)

- Cómo ve a Dios, quién es para él (amigo, enemigo, seguridad, desconcierto, refugio, juez…)

 

Pero para escuchar al salmista es necesario que haya silencio si no ni le oímos ni podemos entendernos. Tenemos que entrar en sintonía con él, penetrar en su interioridad y ver cual es su mensaje fundamental.

En la relación con él tendremos que respetar comportamientos incomprensibles para nosotros evitando el juicio fácil. Ir más allá de la apariencia y buscar la raíz de sus reacciones. Ha vivido en un contexto social, cultural, personal concreto y desde ahí hace sus reflexiones.

Para conocer a fondo a estos amigos es preciso frecuentar la conversación. Reservarse un tiempo cada día para estar con ellos y mejor si es a la misma hora para que también el cuerpo adquiera un ritmo diario.

2- Le respondo

Leer el salmo pone en marcha nuestra imaginación, emociones, sentimientos, recuerdos…Entramos en diálogo con el salmista y conversamos con él.

Después de haberle escuchado paso a ver:

- Qué me está queriendo decir

- Qué sentimientos ha despertado en mí: me relaja, me interesa, me inquieta me da paz, me pide cuentas…

- ¿He vivido su misma situación?

- Descubro alguna frase como dirigida especialmente para mí y la aprendo de memoria para repetirla con frecuencia.

(Estas frases repetidas en mi interior adquieren vida en mí y producen algo que no había antes: imágenes, sentimientos, emociones, sueños, amor, paz…)

- Observo con lo que estoy de acuerdo y en lo que discrepo

- Preguntas que me gustaría hacerle

- Cómo puedo ayudarle en su situación.

Al final, cuando se despide, le escribo una breve carta diciéndole lo que ha supuesto para mí su visita.

Los salmos como oración.

Pero el salterio es, ante todo, un libro de oración, porque son poemas de personas concretas que han conocido quién es Dios a través de su propia experiencia.

Los israelitas fueron aprendiendo lentamente a dirigirse a Dios a través de todas las situaciones por las que iban pasando. Por ello, en los salmos, no hay nada simbólico o abstracto, todo brota de las vivencias del hombre.

Los salmos han sido escritos por hombres enfermos, angustiados, felices, miedosos, atribulados, gozosos, confiados… que, a través de estas experiencias, han entrado en diálogo con Dios. Para ellos Dios no es ser lejano, abstracto, sino alguien muy cercano, a quien pueden dirigirse y exponerle su situación.

Mediante la oración con los salmos se produce un encuentro entre Dios y el hombre, se establece una relación personal y única que aporta al orante una seguridad existencial de que hay “alguien” que le atiende y le entiende y que además le quiere y le ayuda.

Los salmos son Palabra de Dios y alimentan, sin saber cómo, igual que el alimento físico. La Palabra de Dios es viva y eficaz y permanece operante en nosotros. Es la semilla que crece sin que nadie sepa cómo.

Cómo rezar con los salmos

Para poder orar con los salmos tenemos que experimentar, en nuestro propio corazón, los sentimientos que ellos expresan y hacer nuestro todo el sentido que tienen. Ser como los salmistas, hombres y mujeres que vivimos con intensidad la realidad diaria desde una actitud creyente y tomar prestadas sus palabras para dirigirnos a Dios.

Todo hombre que vive una situación crítica puede hacer esta experiencia. Tomar un salmo o un versículo y recitarlo lentamente, parándose en él hasta que vaya cobrando sentido. Notará que en su interior va ocurriendo algo grande, una transformación, y podrá comprobar cómo sus vivencias quedan transfiguradas.

Rezando despacio, dando tiempo a que las palabras resuenen, van surgiendo sentimientos de alegría, perdón, confianza, valor…

Los salmos pueden rezarse individualmente pero cuando nos reunimos para hacerlo juntos, la fuerza y la intensidad de la oración es muchísimo mayor, esto ocurre al celebrar lo que se llama la Liturgia de las Horas u Oficio Divino, la oración oficial de la Iglesia conocida también como rezo de Laudes, Vísperas…

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